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BUCANERITA

El sonido...

El sonido...

El sonido ya no hacía eco. El viento había llevado los últimos vestigios del amor. Las manos extendidas dejaban caer las caricias como cera derramada. El olvido de la piel resbalaba por el cuerpo como lluvia. En la cintura una rama muerta señalaba la senectud de ese amor.


El silencio de la risa como hoja de otoño rozando con el asfalto. Las palabras no saben ya tejerse para expresar sentimientos, o posturas. Un sueño abordado en mal momento, destruido. Y tú fugitivo y furtivo para siempre.


La ansiedad se aposenta en el estómago, el aire se ausenta y cuesta respirar. Corta y seca unas rosas para el amor que fue. Marchitas, déjalas caer sobre la lápida de lo que fue mi vida.

Sakkarah

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